
Creo que otorgó Dios el dolor al hombre con designios de amor y de misericordia.
Creo que Cristo Nuestro Señor ha transformado, santificado y casi divinizado el dolor.
Creo que el dolor es para el alma el gran cooperador de la redención y la santificación.
Creo que el dolor es fecundo, tanto y aún más que nuestras palabras y obras.
Creo que entre las almas de este mundo, las que expían y las que ya han alcanzado la vida eterna, circula una corriente ininterrumpida de merecimientos del amor.
Creo que en la eternidad hallaremos a quienes han abrazado la Cruz, y que nuestros sufrimientos se perderán en el infinito amor divino.
Creo que Dios es amor, y que en sus manos el dolor es solo un medio para transformarnos y salvarnos.
Creo en la comunión de los Santos, la resurrección de la carne y la vida perdurable. Amén.
